Amarante, un destino obvio

El río Támega transcurre lento y con calma, flanqueado en sus orillas por pequeños pueblos y aldeas que guardan un sabor añejo entre sus calles. Amarante, es uno de esos pueblos que son testimonio de la historia y cómplices de la naturaleza de esta zona norte de Portugal y punto de entrada, a una de las zonas más espectaculares del norte portugués: el alto Douro vinhateiro. Pero hoy, centrémonos en Amarante que por sí sólo tiene mucho que ofrecer.


COMO LLEGAR

Nosotros llegamos a Amarante en coche, desde Braga por la A11 y en no más de 45 minutos, ya que son apenas 70 kilómetros los que separan estas dos localidades. Esta es la ruta más corta, si bien también tienes dos alternativas más: por la A3 y A4, lo que te supone unos 100 kilómetros y poco más de una hora; o bien, por la N101, algo menos de distancia (61 km) pero en tiempo te llevará 75 minutos, si el tráfico está ligero.

Para aparcar, os recomiendo la zona del Largo do Ribeirinho o la Alameda Teixeira, ambas a la entrada del casco histórico; es mucho más cómodo andar por el pueblo y olvidarte del coche, ya que aparcar dentro del casco urbano, es muy complicado, amén de las cantidad de calles de un único sentido y/o peatonales.

Balcones y terrazas colgadas sobre el Tâmega


DISFRUTAR AMARANTE

Sin duda, lo más llamativo es su recoleto casco histórico si bien, ambas márgenes del Támega, tienen su encanto. Nada más poner un pie en Amarante, si hay algo que te llama la atención es la profunda raíz religiosa que invade todo el municipio. Lo cierto es que no sé si es por la cantidad de cúpulas, campanarios e iglesias que vislumbras de un primer vistazo o porque según llegas, además del Puente de San Gonzalo, la impresionante Plaza de la República donde esta ubicada la Iglesia y Convento de San Gonzalo, se lleva el primer “¡ohh!” de tu visita. Sea por lo que sea, bienvenido a Amarante.

Como ya hemos mencionado, el Puente de San Gonzalo llama la atención porque aparte de la Avenida 1º de Maio, , es la única opción que une ambas márgenes del pueblo, bañado por las tranquilas aguas del río Támega.

♠ Fíjate tanto en la fachada de la Iglesia de San Gonzalo, así como en los pilares de entrada al puente, dónde podrás ver los estragos de las tropas de Napoleón que invadieron Amarante en 1809, no sin una férrea defensa de las tropas lusas que se atrincheraron en el puente.

Iglesia y Monasterio de San Gonzalo. Fijaos en las marcas del asalto de las tropas napoleónicas.

Puente de San Gonzalo, trinchera de los militares lusos en al asalto de las tropas napoleónicas

Desde la Plaza de la República y subiendo por las escaleras de piedra que recorrieron miles de peregrinos que acudían a Santiago de Compostela, llegas también a la Iglesia de San Domingos, cuya cúpula tiene un mosaico exterior de colorido especial. Anexo, está también el Museo de Arte Sacra. Uno de los caminos del sur que te llevaban hacía Santiago, no cruzaba exactamente por Amarante pero era tal la fuerza de un predicador, allá por el siglo XIII, que muchos se desviaban para escucharle. Quizás ya por ese motivo, ese aire religioso que lo invade todo, reforzado por la cantidad de conventos y monasterios que pueblan la zona, como el Monasterio de Freixo de Baixo, de Gondar o de Travanca, todos de estilo románico.

Subiendo por el Largo de Sta Clara, llegas a las ruinas del antiguo Convento de Santa Clara y al entramado más anguloso de pequeñas calles empedradas. Poquito a poco, adoquín a adoquín (lo cual quiere decir, que llevéis calzado cómodo), llegas a la Rua Miguel Bombarda, para seguir hacía arriba y ver la Iglesia de la Misericordia y un poquito más arriba, el Solar dos Magalhães. Aprovecha las maravillosas vistas desde este punto del casco histórico.

♠Eran famosos los dulces que elaboraban las monjas del convento. Actualmente, esos dulces regionales se siguen comercializando en algunas de las pastelerías centenarias del municipio que no “suelten” ni a tiros, las recetas y secretos de los mismos.

Iglesia de San Domingos y escaleras con siglos de historia a sus pies

Adoquines centenarios

Posteriormente, tómate el tiempo que estimes oportuno para disfrutar del paisaje, puedes bajar por la Rua Cândido dos Reis, llegas hasta la Iglesia de San Pedro, para desembocar de nuevo, en la Plaza de la República y cruzar el Puente de San Gonzalo, para disfrutar de la otra orilla.

Los dulces regionales.

En este punto, en la calle Cândido dos Reis, te sugiero que hagas una pequeñas parada, con sabor dulce. En el número 137, tienes la Dulcería Regional Mário, con especialidades del convento de Santa Clara, como comentábamos anteriormente. Debo decir que probé todas: los Papos d’anjo, las Lérias, los S. Gonçalos, las Brisas do Támega,… No sabría con cual quedarme porque están todas realmente exquisitas. Otro lugar excepcional para degustar estos dulces conventuales es la Confeitaria da Ponte, que los elaboran desde el año 1930 y dicen ser, los pasteleros más antiguos de la ciudad.

Los dulces conventuales de la Dolçeria Mario

Tras el dulce momento, es hora de cruzar de nuevo el río y por la Rua 31 de Janeiro, llegas al Ponte do Arquinho que da paso, a una de las arterias comerciales y gastronómicas de Amarante y que no es otro que el Largo Conselheiro Antonio Cândido y la rua Antonio Carneiro. Por cierto, además del Bacalhau y los dulces, son muy reconocidos varios platos gastronómicos como el arroz de pollo, el pan de pradonelo y las truchas pescadas en el Támega. Mi recomendación es la Adega Kilowatt, que sirve platos tradicionales desde el año 1929. Es una bodega pequeña, con no más de media docena de mesas, así que si quieres disfrutar de su cocina, tendrás que andar listo.

Cocina tradicional desde 1929 en la Adega Kilowatt


LOS DIABLOS DE AMARANTE

En el Museo Municipal Amadeo de Souza – Cardoso podrás ver las réplicas del S. XIX en madera policromada de los llamados Diablos de Amarante. Son dos figuras de madera policromada, oscuras y de aspecto pagano quemadas por las tropas napoleónicas y reproducidas por el tallista Ferreira de Carvalho. Tras un periplo, fueron devueltas a Amarante, entre gritos y procesiones de las gentes del pueblo. Son todo un símbolo de la ciudad.

Amarante, un destino obvio

Amarante, fue nuestra última parada antes de adentrarnos en el Alto Douro Vinhateiro pero eso ya, es otra historia…

Happy Blogging! Happy Travels!


Para más información: Turismo Amarante 

Para los amantes del senderismo: Vía Verde del Támega

6 comments

  1. Kris says:

    Me ha encantado tu post. Y también Amarante, nos lo has presentado con mucho cariño. Mira que no soy golosa… pero esa foto de los dulces ¡imposible resistirse!

  2. DinkyViajeros says:

    Desde Málaga, la ciudad donde vivimos, Amarante nos pilla un poco lejos… 😅 Pero sólo por probar todos esos dulces que muestras en tu foto, seríamos capaces de ir hasta allí en un roadtrip por el país luso. 😋😋 Es un viaje que tenemos pendiente, ojalá podamos hacerlo pronto.

    Saludos.

    • La Volvoreta says:

      Gracias Carmen. Es la entrada al Alto Douro Vinhateiro y los paisajes son increíbles. Es una zona poco visita pero preciosa. Espero que la disfrutes. Salu2

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